Queridas hermanas:

¡Alegrémonos en la presencia del buen DIOS!

Este primer encuentro permitió como PALC en Viamao, gracias a la acogida de cada hermana-lugar sagrado que albergó a más de cien hermanas que viajaron con el entusiasmo de renovar y acrecentar un servicio de amor a la Congregación.

La presencia de Mary Maher fue un regalo de Dios entre nosotras, ya que nos mantuvo en acción del Espíritu Santo para mirar, escuchar y profundizar el llamado que Dios nos hace ahora y en este tiempo concreto con la realidad que presentan las comunidades y la Congregación.

Este encuentro permitió revitalizar el CARISMA uniéndonos a la invitación de Dios por medio de Mary para reinventar nuestra vivencia y estar atentas a los «Signos de los Tiempos», mantenernos en solidaridad unas con otras, amarnos más para seguir dando vida en donde sea nuestro llamado para la vida comunitaria y sobre todo vivir más sencillamente con lo poco que tenemos y abrirnos a la alegría profunda que DIOS es en nosotras.

Que Dios nos anime como mujeres de esperanza que somos a vivir más intensamente el evangelio y hacerlo carne en la vivencia diaria en comunidad y puestas al servicio de los demás.

La Cuaresma es un tiempo propicio para empezar a vivir como PALC y como nuestro querido Francisco nos invita:

Tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada una de nosotras, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada una de nosotras le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Queridas hermanas que retornemos a casa viendo mejor, escuchando como Dios quiere y respondiendo en espíritu contemplativo a los signos de los tiempos.

Un abrazo fraterno y en unidad con la oración,

¡SHALOM!